La OMS define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo como la ausencia de enfermedades o dolencias, y reconoce el disfrute del más alto nivel posible de salud como uno de los derechos fundamentales de todo ser humano. El ruido ambiental es una amenaza para la salud pública y tiene un impacto negativo en la salud y el bienestar de las personas [1] . Sin embargo, el problema del ruido apenas es considerado como tal por la administración, incluyendo ayuntamientos, comunidades autónomas y poder judicial, ni por una parte importante de la ciudadanía, que prefiere modificar su forma de vida antes que buscar soluciones duraderas.

En estos momentos las principales fuentes de contaminación acústica de las zonas residenciales son: los medios de transporte, la actividad industrial y el ocio. Las dos primeras son cada vez menos importantes debido a los avances tecnológicos que se van aplicando como por ejemplo el aumento del parque de vehículos eléctricos o la peatonalización de las calles. Sin embargo el ocio, y especialmente el que se produce en horario nocturno, se ha constituido en la principal foco de ruido.

El exceso ruido se puede incluir dentro de los problemas que no son visibles y cuyos efectos se revelan a medio y largo plazo. Es un caso similar al del amianto, la radiación, los metales pesados, etc. que pasan desapercibidos a la vista, pero que, cuando se manifiestan los efectos son irreversibles. A todo esto, se le añade que, hasta ahora ha sido difícil de medir, complicando enormemente su análisis y diagnostico.

Además, está el componente de percepción, no todas las personas tienen los mismos umbrales de tolerancia al ruido, ni tampoco tienen la misma capacidad de reacción ante una agresión que modifica drásticamente su forma de vida, constituyéndose en uno de los principales obstáculos para encarar el problema. Preferimos aumentar el aislamiento y no abrir nunca las ventanas en verano, antes que exigir, a la administración, que se respeten nuestros derechos fundamentales. Sin embargo, la experiencia de los últimos años muestra que cuando la ciudadanía se empodera, los problemas de ruido se solucionan.

A pesar de todo, abordar el problema del ruido y encontrar una solución que lo mitigue, es un largo camino lleno de obstáculos  entre los que encontraremos: la falta de empatía y el desaliento constante de la administración,  la incomprensión de una parte de la ciudadanía, los escasos medios técnicos y el discurso neoliberal que antepone la economía a los derechos fundamentales.

En este contexto, nace este blog y su foro, a través del cual queremos difundir  información y conocimiento. Además de acompañarte y aconsejarte, compartiendo nuestra experiencia,  para analizar y diagnosticar el problema y apoyar la búsqueda de soluciones frente a la pasividad de la administración y de los medios sociales y económicos. Porque, además de profesionales de la acústica, también hemos sido victimas de esta vulneración de los derechos fundamentales.

[1] Night Noise Guielines for Europe (2009, OMS)